§ La democracia, tal como la
entienden unos, consiste en cambiarle el collar al perro cada tantos años. La
democracia, tal como la entienden otros, consiste en cambiarle el perro al
collar cada tantos años. La verdadera democracia, tal como nunca jamás llegarán
a entenderla ni unos ni otros, debería consistir en que no hubiera ni perros ni
collares, ni collares ni perros.
miércoles, 8 de julio de 2015
martes, 7 de julio de 2015
Tonto el que lo escribe
§ Contemplando el otro día uno
de los panoramas más horrorosos de su ciudad, el tonto que esto escribe llegó a
la conclusión de que la ecuación (on-on) que describe la conocida como curva de Calatrava se resuelve
invariablemente dando como resultado un uno seguido de una interminable y bien
nutrida fila de ceros.
§ ¿Por qué diablos o demonios
ha de ser tan fácil hacer pagar un euro a un millón de contribuyentes y tan difícil
hacer pagar un millón a uno solo?
lunes, 6 de julio de 2015
Reflexiones que no interesan a nadie y que no conducen a nada
Primo: que no se entere mi
madre de que he escrito esto. Secundo:
quienes no sean capaces de leer más de dos líneas (bueno, pongamos que cuatro)
sin verse asaltados por la conjuntivitis que se abstengan de seguir adelante,
pues a buen seguro sufren un síndrome que no es sino el reflejo especular del
que padecen -y muchas veces son los mismos quienes están a uno y otro lados del
espejo- los que no pueden escribir más de cuatro líneas (pero ¿no habíamos
quedado en que eran seis?) sin que se les agarroten las muñecas, ya sea por una
tendinitis o por una inflamación del túnel carpiano. Tertio: tertium non datur.
El enlace que precede a estas
líneas (sí, ése, el que hay bajo el título) puede abrirse antes de leer este
artículo, durante su lectura o después de la misma. También puede no abrirse.
Faltaría más que en esta página gratuita y sin anuncios (es decir, exenta de
esas interminables, molestas y soporíferas tandas de publicidad televisiva que
de vez en cuando se ven interrumpidas por la inserción de unos programas
generalmente tan deleznables que no pueden sino hacernos desear que vuelvan lo
más pronto posible los anuncios) coartáramos la sacrosanta libertad del lector.
Faltaría más. Sí señor. Faltaría.
Ese enlace (sí, ése mismo, el que puede abrirse antes, durante, después o
nunca jamás), entonces, habla de una posible crisis de los blogs literarios y
de autor. De los blogs, por supuesto, más o menos profesionales, más o menos
conocidos, más o menos difundidos, en fin, más o menos leídos.
Pero si una posible crisis amenaza a esos blogs, ¿qué ocurrirá entonces
con otros blogs mucho menos profesionales, mucho menos conocidos, mucho menos
difundidos, en fin (otra vez), mucho menos leídos?
Me refiero, claro está, a los blogs, ya sean individuales o ya sean colectivos,
donde los escritores, escritorcitos, escritorcillos, escritorzuelos,
escribidores, escribidorcitos, escribidorcillos, escribidorzuelos, escribanos,
escribanitos, escribanillos, escribanuelos, escribas, escribitas, escribillas,
escribilluelos, en fin (y otra vez más), aficionados depositamos nuestras más o
menos perfumadas deposiciones literarias.
Antes de proseguir querría suplicar a quienes consideren sinceramente que
no tienen motivos para darse por aludidos que, por favor, no lo hagan. Mi
estimado y fraterno lector/escritor o escritor/lector, por favor, se lo
suplico, no se dé usted por aludido si honestamente piensa que carece de
razones para hacerlo. Al fin y al cabo, esto no es más que un deslavazado
conjunto de reflexiones sin objeto ni interés alguno. Y si se empeñan en que lo
confiese, pues sí, padre, lo confieso: esto no es otra cosa que un artículo
pretendidamente humorístico.
Porque es para morirse de risa lo que uno encuentra en muchos de esos
blogs de aficionados.
Tengo un amigo (no, Tonto el que lo
escribe, no; se trata de ese otro amigo tan socorrido y tan útil al que
recurrimos cuando queremos encubrir alguna vergüenza; sí, exactamente, ése
mismo, el que dice que escribe para olvidar) que tras darse una vuelta por esos
andurriales ha clasificado a sus aborígenes en dos subespecies: los preciosistas
y los telegrafistas. Dice mi amigo que si habla de subespecies es porque en
realidad, cual Janos bifrontes que asumen una u otra máscara según sea el
carácter de sus deposiciones (es decir, según se encuentren laxos o estreñidos),
son como reflejos mutuos de una misma especie: los autocomplacientes.
El telegrafista, para empezar la casa por el tejado, es ése que sin haber
leído seguramente a Gracián (y muy probablemente sin saber incluso quién es) te
suelta a la menor ocasión la tan manida, trillada, sobada y manoseada cita de
lo breve y lo bueno. (Posiblemente tampoco haya leído a Borges -La supersticiosa ética del lector-,
quien califica a Gracián nada más y nada menos que de charlatán de la
brevedad.). Es ése, también, que repite mil veces -como la famosa mentira
convertida en verdad- el paupérrimo esquema del mini/micro/nanoloquesea: unas
pocas líneas que no dicen nada y una presunta ocurrencia final que dice todavía
menos (vamos, algo así como una traca de bodas, bautizos y comuniones). Y es
ése, para terminar con el tejado, que cuando pretende dárselas de narrador -es
decir, ir más allá de media página- es, tal vez por la falta de costumbre, tan
aburrido, monótono y falto de progresión dramática como una mascletà sin ritmo.
En cuanto al preciosista, no se espere de él que diga lo que pasa en la calle si tiene ocasión
de decir -y siempre la tiene; y si no, la busca- los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. No se espere
de él que renuncie a dar en todo momento un paso más allá de lo sublime. Y no
se espere de él que en sus versos o en sus frases dejen alguna vez de crecer
las florecillas o de cantar los pajarillos.
Estas reflexiones que no conducirán a nada ni interesarán a nadie
(recuerde el alma dormida del lector que haya llegado hasta aquí que es mi
amigo quien sigue hablando) son las que quería deponer en esta página el
porquero de Agamenón (opina mi amigo que la verdad parece más verdad cuando la
dice el porquero que cuando la dice Agamenón).
Y visto y leído lo dicho por mi amigo, poco me queda a mí por decir.
Salvo que yo (sí, padre, lo confieso) soy el primero y mayor de los pecadores
que él ha descrito. Sea arrojada, pues, sobre mí, la primera y mayor de las
piedras.
domingo, 5 de julio de 2015
Tonto el que lo escribe
§ Orgulloso de sí mismo
(dedicado a la LOMCE, que nos estará escuchando): My hincultura me le e lavrado llo mesmo.
viernes, 3 de julio de 2015
Tonto el que lo escribe
§ Si en el Estado de Derecho
sólo se puede enviar a Al Capone a la cárcel por evasión de impuestos, parece
razonable pensar que este un tanto torcido Estado necesita una reforma a fondo.
Para mejorarlo, por supuesto; pero a favor de quienes tenemos hambre y sed de
justicia, que ya empezamos a estar muchísimo más que hartos (Mt 5,6).
Santísima Trinidad
A mi admirada Sandra Llopis y su tríptico
narrativo Génesis
Después de hacer sonar el silbato, el índice derecho del árbitro señala
inexorable el punto de penalty.
Los jugadores de ambos equipos se arremolinan alrededor del árbitro. Los
del equipo atacante pidiendo que a la pena máxima se añada la tarjeta roja para
el portero. Los del equipo defensor haciendo lo que corresponde en momentos
como ése; es decir, ciscarse en el árbol genealógico del hijo de su madre que
ha hecho sonar el silbato.
La cosa queda en unas cuantas tarjetas amarillas equitativamente
repartidas entre los animadores y los protestantes. El portero se salva. Hágase
la paz. Y la paz se hace.
El árbitro, impuesta al fin su
autoridad, hace salir del área a todos los jugadores excepto a los
protagonistas del duelo.
El delantero centro toma el balón y lo deposita con cuidado sobre el
círculo de cal que marca el lugar de ejecución de la pena máxima.
El portero, cumpliendo con su obligación, hace unas cuantas muecas y unos
cuantos aspavientos cara a cara con su rival, y antes de que el árbitro lo
envíe a su sitio sobre la raya de cal que marca la línea de meta le da una
patadita al balón para terminar de joder al delantero.
Vuelto el balón a su sitio, el delantero retrocede unos pasos desde el
punto de penalty para tomar impulso. Un segundo antes de iniciar su corta
carrera se santigua.
Al mismo tiempo que el delantero, y sin dejar nunca de mirarle a los
ojos, el portero se santigua también.
Entonces, durante ese paralizado instante de silencio en que ni vuelan
las moscas, en el palco celestial el Hijo dice: “Padre, que lo marque, que lo
marque” (o quizá dice que lo pare, que lo
pare). Y el Espíritu Santo dice: “Compadre, que lo pare, que lo pare” (o
quizá dice que lo marque, que lo marque).
Y Dios Padre, que para eso es Dios y para eso es Padre (y además es muy
macho), con su retumbante voz de trueno dice: “¡María, mira a ver qué signo he
puesto en la quiniela!”
miércoles, 1 de julio de 2015
Tonto el que lo escribe
§ La Guardia Civil es un
cuerpo militar, como su propio nombre indica. El Partido Popular no es un
partido populista, como su propio nombre no indica.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)